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viernes, abril 28, 2006

Persiguiendo la sonrisa de Buda

Consigo cada vez con más frecuencia pensar en mi vida como en un paseo en el que cambio de rumbo a medida que cambia el paisaje, y ese pensamiento tan simple me da una renovada sensación de ligereza que se aparece como eterna, cálida y serena, pero que contrariamente no tarda en disiparse por completo, invariablemente en pocos segundos, como si fuera aire, agua o simple imaginación. Como decía Siddhartha, sólo yendo a las causas últimas las sensaciones se convierten en conocimientos. Eso ya es harina de otro costal.
Algunos creen que basta con reirse, que nos reimos poco. Que estamos demasiado preocupados por cosas (o preocupados por demasiadas cosas), y entonces nos estresamos, o nos entristecemos, o nos irritamos. A mí me gusta la gente que sonríe sin malicia, con ese gesto ingenuo que algunas veces atribuimos a la bondad y otras a la estupidez. Esos suelen dejarse ver poco, pero cuando se van dejan siempre en el ambiente un sabor dulce a ensueño y a conversación no forzada... junto con una estela de sencillez y de certeza que te atrapa y que no acabas de saber descifrar. La sonrisa de Buda.